Tres playas de la Patagonia con aguas cálidas: tesoros ocultos para una escapada inolvidable

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Existe un prejuicio arraigado en el ADN del turista argentino: para bañarse en aguas cálidas hay que cruzar la frontera. La imagen del veraneante corriendo hacia la orilla para enfrentar el frío del mar es parte del imaginario, pero no siempre es una realidad y este verano Rada Tilly lo demostró con una hermosa temperatura que llenó la playa de gente.

Sin embargo, en la Patagonia hay otros lugares que desafían los termómetros y que permiten disfrutar de playas hermosas, desde las dunas bonaerenses hasta el corazón de la Patagonia.

Es que gracias a microclimas y fenómenos físicos, existen tres rincones de la Patagonia donde el agua alcanza temperaturas de hasta 27 grados, ofreciendo una experiencia más cercana al Caribe que al imaginario popular del Atlántico Sur, donde el frío es sinónimo de la región.

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Las Grutas: El «milagro» térmico del Golfo San Matías

La primera escala de este viaje nos lleva a la costa de Río Negro. Allí, el Golfo San Matías funciona como una enorme vasija natural que retiene el calor. En Las Grutas, el paisaje está dominado por acantilados que parecen custodiar un secreto: un mar que en pleno febrero puede alcanzar los 27 grados.

No es un capricho del destino, sino un complejo fenómeno físico. Cuando la marea baja, el sol calienta con furia las restingas —esas plataformas de piedra que quedan al descubierto—; al subir el agua, ésta absorbe el calor acumulado, transformando el Atlántico en una pileta templada y cristalina. Caminar por sus cuevas naturales mientras el agua tibia lame los pies es entender por qué este rincón fue elegido como uno de los mejores de Sudamérica.

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Las Grutas es una de las playas donde la temperatura de la Patagonia se siente diferente. Foto: Las Grutas Río Negro.

Donde el sol se queda a dormir

Unas horas más al norte, en el sur de la provincia de Buenos Aires, Monte Hermoso ofrece un espectáculo que rompe la monotonía geográfica. Es el único punto de la costa donde el sol nace y muere en el mar. Esa orientación este-oeste no solo regala los atardeceres más largos del país, sino que también protege sus aguas.

Debido a su escasa profundidad y a la influencia de corrientes que llegan desde el norte, el agua aquí es notablemente más cálida que en el resto de la provincia. En Monte Hermoso, la arena permanece caliente hasta bien entrada la noche y las familias estiran la jornada de playa hasta que el último rayo naranja se hunde en el horizonte.

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Monte Hermoso tiene hermosos atardeceres. Foto: Monte Hermoso ciudad.

El espejo esmeralda de la montaña

Finalmente, la ruta nos interna en la cordillera, lejos de la salinidad del mar. A unos 30 kilómetros de San Martín de los Andes, la mítica Ruta 48 desemboca en Yuco. Lo llaman el “Caribe Patagónico”, y el apodo no exagera. Al llegar, el verde profundo se abre para mostrar una península de bahías protegidas.

Aquí, el Lago Lácar se vuelve manso y transparente. El lecho de piedras claras refleja un turquesa intenso. En estas bahías, resguardadas de los vientos predominantes, el agua superficial se entibia bajo el sol cordillerano.

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Nadar en Yuco, ubicada a dentro del Parque Nacional Lanín, es una gran experiencia, entre arrayanes y coihues y un aire patagónico que se siente distinto.

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