Un grave episodio de violencia juvenil ocurrido en la madrugada del viernes 10 de enero generó alarma y preocupación en Cipolletti. Una vecina de la ciudad, María de los Ángeles, denunció públicamente que su hijo de 14 años y dos amigos fueron víctimas de un violento ataque en patota, perpetrado por un grupo numeroso de jóvenes en el barrio Manzanar.
Según el relato de la madre, el hecho se produjo alrededor de la 1:30 de la madrugada, cuando los adolescentes regresaban de comer y atravesaban una plaza del barrio, conocida entre los jóvenes como “la plaza de los aros” o “de los arcos”. En ese lugar fueron rodeados de manera sorpresiva por un grupo inicial de entre 15 y 20 personas, que luego se habría ampliado hasta alcanzar unas 40.
Golpes, patadas y un ataque coordinado
La mujer describió el episodio como extremadamente violento. “Fue un ataque muy cobarde. Los rodearon por completo y cada vez que intentaban levantarse los separaban para seguir golpeándolos”, relató. Los agresores utilizaron golpes de puño y patadas, sin darles posibilidad de defenderse ni escapar en un primer momento.
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María de los Ángeles aseguró que su hijo ya había sufrido agresiones verbales previas por parte de algunos de los atacantes, incluso a la salida de la escuela, donde habría sido insultado con expresiones discriminatorias. Según indicó, varios de los agresores serían compañeros o excompañeros, aunque también habría jóvenes mayores y de otros barrios.
Persecución y amenazas de muerte
Tras lograr escapar del primer ataque, la situación no terminó allí. Los adolescentes fueron perseguidos durante varios minutos, en lo que la madre definió como una “verdadera cacería humana”. Para evitar ser encontrados, debieron esconderse entre matorrales, mientras los agresores los buscaban a pie, en bicicletas y en autos.
Durante la persecución, los atacantes arrojaron petardos con la intención de obligarlos a salir de su escondite. Luego de casi 40 minutos, los jóvenes intentaron regresar a sus casas, pero volvieron a cruzarse con integrantes del grupo, que los llamaban y silbaban para atraerlos.
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Finalmente, lograron refugiarse en una vivienda del barrio, cuyos ocupantes decidieron darles resguardo. “Esa familia dijo que si no los hacía entrar, los mataban”, afirmó la madre, al remarcar que durante el episodio hubo amenazas de muerte explícitas.
